Hay algo que me cuesta entender.
En México desaparece una persona y nos indignamos un rato.
Matan a alguien y discutimos quién tiene la culpa.
Encuentran una fosa y durante unos dÃas hablamos de ella.
Matan niños y, pasado el escándalo, volvemos a lo mismo.
Como si nada.
Como si los muertos fueran una noticia más que mañana será reemplazada por otra.
Pero para alguien no fue una noticia.
Fue su hijo.
Fue su hermana.
Fue su padre.
Y esa persona no está pensando en encuestas, partidos ni discursos.
Está preguntándose dónde está el suyo.
Eso deberÃa bastarnos para detenernos.
No somos responsables de que un criminal mate.
Pero sà tenemos responsabilidad frente al poder que gobierna mientras todo esto ocurre.
Podemos exigir.
Podemos investigar.
Podemos señalar.
Podemos dejar de justificar.
Y podemos decirle a nuestro propio partido:
esto no está bien.
Ahà es donde muchos se pierden.
Todo tiene explicación.
Todo tiene un culpable distinto.
Todo se compara con el gobierno anterior.
Todo termina en:
“Pero los otros fueron peores.”
Y mientras tanto, el muerto sigue muerto.
La familia sigue buscando.
La fosa sigue ahÃ.
Eso es lo que me parece más grave del fanatismo polÃtico.
Que llega un momento en que ya no importa lo que pasó.
Importa defender a los tuyos.
Y cuando llegas a ese punto, cualquier cosa puede ser justificada.
No estoy diciendo que quien apoya a Morena quiera que maten a un niño.
Estoy diciendo algo bastante más incómodo:
si conoces lo que está pasando y aun asà decides justificarlo sistemáticamente porque el gobierno que lo enfrenta es el gobierno que apoyas, tienes una responsabilidad sobre esa defensa.
No sobre el crimen.
Sobre tu defensa del poder.
Y esa diferencia importa.
Porque apoyar a un gobierno no significa darle permiso para todo.
Si mañana descubres que tu partido se equivocó, puedes decirlo.
Si una polÃtica fracasó, puedes admitirlo.
Si una tragedia fue mal atendida, puedes exigir respuestas.
No pierdes tu dignidad por reconocer un error.
La pierdes cuando necesitas negar la realidad para no reconocerlo.
México no deberÃa ser un lugar donde una masacre de niños se convierte en otra discusión entre morenistas y opositores.
DeberÃa bastar con decir:
“Esto ocurrió. Esto es intolerable. Y quiero saber quién va a responder por ello.”
Y aquà está la parte que quizá más incomoda:
Cuando tu lealtad polÃtica te impide exigir cuentas, ya no estás simplemente apoyando a un partido.
Estás defendiendo al poder aun cuando sabes lo que está ocurriendo.
Y cada vez que justificas lo injustificable, cada vez que minimizas una tragedia para proteger a los tuyos, cada vez que encuentras una excusa en lugar de exigir una respuesta, haces algo muy concreto:
les ayudas a seguir sin rendir cuentas.
No cometiste el crimen.
Pero decidiste defender a quienes tenÃan que responder por él.
Y eso también tiene un nombre:
responsabilidad.