Monday, August 3, 2026

Los hechiceros del poder: el encantamiento de las palabras en la narrativa de Morena en México

 Por PEPEX

La magia más poderosa no transforma la realidad, transforma su interpretación

Durante la Edad Media, los hombres buscaban en los grimorios y fórmulas secretas el conocimiento necesario para controlar fuerzas invisibles. El hechicero pronunciaba palabras que, según la creencia popular, tenían la capacidad de cambiar la realidad.

Hoy sabemos que aquellas fórmulas mágicas no podían alterar la naturaleza.

Pero existe otro tipo de hechizo que sí tiene efectos reales:

el hechizo de las palabras.

Los gobiernos y movimientos políticos modernos han descubierto que antes de cambiar una sociedad, deben cambiar la manera en que esa sociedad interpreta el mundo. La batalla política no solo ocurre en las urnas, en los congresos o en las calles. Ocurre primero en el lenguaje.

En México, el movimiento encabezado por Morena ha construido una narrativa política basada en conceptos cargados de significado emocional: transformación, pueblo, corrupción, privilegios, justicia, enemigos del pueblo, austeridad, bienestar.

Estas palabras no son simples descripciones.

Funcionan como símbolos.

Son parte de un lenguaje político diseñado para crear una interpretación específica de la realidad.

El primer hechizo: nombrar la realidad

Los antiguos hechiceros creían que conocer el verdadero nombre de algo otorgaba poder sobre ello.

La política moderna funciona de manera similar.

Quien define cómo se llama un problema tiene una ventaja sobre cómo será entendido.

Morena llegó al poder con una narrativa construida alrededor de una idea central: México había sido gobernado durante décadas por una élite corrupta que había utilizado el Estado para beneficio propio.

El concepto de "la mafia del poder" fue una fórmula lingüística de enorme eficacia política.

No era únicamente una crítica a ciertos gobiernos.

Era una forma de organizar la realidad en dos grupos:

los que representaban al pueblo,

y los que representaban los privilegios.

El lenguaje creó una división moral.

La política dejó de ser solamente una discusión sobre programas o resultados.

Se convirtió en una lucha entre buenos y malos dentro de una narrativa.

El conjuro de la transformación

Una de las palabras más poderosas dentro del discurso de Morena ha sido "transformación".

La palabra tiene una enorme fuerza simbólica.

Transformar implica cambiar algo que estaba mal.

Implica renovación.

Implica corregir una historia anterior.

Por eso funciona como un concepto político tan efectivo: no describe únicamente una acción de gobierno, sino que promete un cambio histórico.

El ciudadano que acepta esa narrativa no solo está apoyando una administración.

Está participando, desde su perspectiva, en un proceso de cambio nacional.

La política deja de ser únicamente una evaluación de resultados.

Se convierte en una identidad.

El hechizo del pueblo

Otro elemento central de esta narrativa es la utilización constante de la palabra "pueblo".

La palabra tiene una carga histórica profunda.

Representa a los ciudadanos comunes frente a los grupos privilegiados.

Sin embargo, en cualquier sistema democrático surge una pregunta fundamental:

¿Quién define al pueblo?

¿Todos los ciudadanos forman parte de él, incluso quienes piensan diferente?

¿La crítica al gobierno puede venir también del pueblo?

El riesgo de cualquier narrativa política basada en la representación exclusiva del pueblo es que puede convertir automáticamente a sus opositores en enemigos de ese pueblo.

El lenguaje deja de describir una diferencia política.

La convierte en una diferencia moral.

La alquimia de los eufemismos

Como todo poder político, Morena también utiliza un lenguaje que busca presentar sus acciones bajo una luz favorable.

Los defensores del movimiento pueden interpretar ciertas expresiones como formas legítimas de comunicación política.

Sus críticos pueden verlas como estrategias para suavizar problemas o evitar responsabilidades.

Por ejemplo, términos como "austeridad republicana", "bienestar", "humanismo mexicano" o "cuarta transformación" no son solamente descripciones técnicas.

Son conceptos diseñados para transmitir valores.

La palabra elegida no solo informa.

Sugiere una conclusión.

La pregunta crítica siempre debe ser:

¿La palabra explica la realidad o intenta dirigir la interpretación que hacemos de ella?

El hechizo de la identidad

El mayor poder de una narrativa política no está en convencer a todos.

Está en crear identidad.

Cuando una persona asocia una causa política con su propia historia, dignidad o esperanza, esa causa deja de ser únicamente una propuesta.

Se convierte en parte de quién es.

Por eso las discusiones políticas pueden volverse tan intensas.

No siempre se está defendiendo una política pública.

Muchas veces se está defendiendo una identidad.

Criticar una idea puede sentirse como atacar a la persona que la sostiene.

Ese es uno de los efectos más profundos del lenguaje político.

El contrahechizo: la razón

Pero todo hechizo tiene una debilidad:

el análisis.

La democracia necesita ciudadanos capaces de admirar una propuesta sin convertirla en una verdad absoluta.

Necesita personas capaces de preguntar:

¿Los resultados corresponden a las promesas?

¿Las palabras coinciden con los hechos?

¿Los conceptos utilizados describen realmente la realidad?

La razón funciona como el contrahechizo.

No busca destruir una narrativa por otra.

Busca someter todas las narrativas al mismo examen.

Conclusión: romper el encantamiento sin destruir el diálogo

La política siempre tendrá símbolos, emociones y palabras poderosas.

No existe movimiento político sin narrativa.

No existe gobierno sin una forma de explicar sus acciones.

El problema aparece cuando la narrativa deja de ser una herramienta para comunicar y se convierte en una barrera contra la crítica.

Los antiguos hechiceros buscaban dominar mediante fórmulas secretas.

Los políticos modernos buscan influir mediante relatos cuidadosamente construidos.

La diferencia es que los primeros intentaban controlar fuerzas imaginarias.

Los segundos trabajan con algo mucho más poderoso:

la percepción humana.

Por eso la ciudadanía debe recordar una regla fundamental:

ninguna palabra, ningún líder y ninguna narrativa deben estar protegidos del examen de la razón.

Porque el verdadero poder de una sociedad libre no está en creer en el hechizo correcto.

Está en tener la capacidad de cuestionar todos los hechizos.

Los hechiceros del poder: el encantamiento de las palabras en la narrativa de Morena en México

 Por PEPEX La magia más poderosa no transforma la realidad, transforma su interpretación Durante la Edad Media, los hombres buscaban en los ...